Hinchar todo lo hinchable, atar las cosas moradas y otras empresas. Contemplar a Cuqui Jerez.

Cuqui Jerez ha vuelto a Barcelona para presentar parte de su The dream project – Encuentros en la sexta fase, un proyecto que tiene como afirmación la incógnita de cómo hacer(lo), generar(lo) y ocasionar(lo). [El pronombre «lo» se refiere a aquello, la cosa, eso, lo otro]. Cuqui Jerez se cuestiona cómo abordar el trabajo para buscar nuevas puertas de acceso al deseo; y aprovechamos para traeros la reflexión de nuestro colaborador Xavier Manubens.

Cuando ando por la calle haciendo mis prácticas del walking pongo mi atención en varias cosas. Pero sobre todo observo los recorridos que hace la información y me doy cuenta que esta se comporta de forma fraccionada y difusa, como un relato en múltiples trozos que se comportan de manera inestable y corren, se precipitan, ascienden en gravedad y atraviesan los cuerpos. Es un relato borroso porque la información te llega desordenada y los tiempos que utiliza para dejarse ver no son tan fáciles de medir. Una superposición de inputs sensibles que alteran tu devenir cotidiano. Si afinas un poco más te das cuenta de que puedes manipular este relato para generar situaciones que nunca ocurrirían, algo así como tratar la fantasía de forma fantástica.

La coreografía se impone dentro y fuera de la escena y nosotros tenemos nuestra Sección Irregular. Algún día las íes caerán.

THE DREAM PROJECT

Cuqui Jerez ha vuelto a Barcelona para presentar parte de su The dream project – Encuentros en la sexta fase, un proyecto que tiene como afirmación la incógnita de cómo hacer(lo), generar(lo) y ocasionar(lo). [El pronombre «lo» se refiere a aquello, la cosa, eso, lo otro]. Cuqui Jerez se cuestiona cómo abordar el trabajo para buscar nuevas puertas de acceso al deseo. Prefiero citar sus seis afirmaciones que publica en la página web del Teatro Pradillo a propósito de su The dream project – Encuentros en la tercera fase:

The Dream Project es 12 meses de trabajo.

The Dream Project es un experimento acerca de cómo trabajar y cómo producir.

The Dream Project es la creación de una colección de pequeñas piezas de diferentes formatos y temas no necesariamente relacionados unos con otros.

The Dream Project trata de negociar con lo desconocido.

The Dream Project es una manera de trabajar conectada al presente.

The Dream Project tiene una única regla: crear al menos una pieza o pequeño resultado cada mes.

Las piezas que ha presentado en esta ocasión han sido Unos pasodobles, El fenómeno de las fuerzas ficticias, Espacios para visitar con lupa y una pieza más de María Jerez con quien trabaja regularmente, BLOB. Me parece interesante cómo organiza las exhibiciones por todo el edificio de El Mercat de les Flors como si fuera una mesa de degustación. Propone una mirada coreográfica sobre su propio trabajo coreográfico que transforma las lógicas de exhibición mas cerca del negocio que del ocio. En un mundo en el que la institución y el mercado tienden a apoyar la producción taylorista del Arte, este se vuelve más generoso.

LA MIRADA PERFORMATIVA

Y es la figura del visitante la que más llama mi atención. Aquel que visita, aquella que literalmente va a ver. ¿Pero qué mira? ¿Qué es lo que ve? ¿Cómo lo ve? Hay una constante en el trabajo de Cuqui y es la mirada contemplativa, una invitación a dejarse transformar por la perspectiva y el punto de vista. Los romanos erigían su templum visionando el vuelo de los pájaros en el cielo. Los augures determinaban en qué zona del suelo se debía ubicar el santuario en una acción conjunta de observación de las aves. Hacer algo juntos constituía el prefijo «cum-», por lo tanto el acto de observación del vuelo de los pájaros se sabía como contemplum. Contemplar es entonces tanto ayer como hoy una mirada afectiva sobre algo a la espera de que te transforme o, mejor, te ofrezca un momento de clarividencia. Podríamos decir que la contemplación era esperar.

Me interesa la reacción del visitante cuando es invitado a la contemplatio; algunos se van, otros se ríen, otros se miran entre ellos, otros observan, otros se distraen. El aburrimiento es un estado interesante porque te ofrece espacio para pensar. Y la imagen sigue allí, delante tuyo, intentando ser reveladora sin pretensiones, y es cuando el poder performativo de la contemplación empieza.

En El fenómeno de las fuerzas ficticias contemplamos durante 50 minutos objetos de diferente genio volando por el escenario. Una larga cortina iluminada en azul a la derecha es la que oculta todo ese inventario objetual que se irá arrojando al escenario dentro de un loop musical de piano. Cuqui Jerez invoca una temporalidad dilatada, un ejercicio duracional en el que la repetición de lo mismo produce algo nuevo. Mientras que el sujeto es algo cambiante y ha sido de forma oficial el arquetipo del ejercicio escénico, los objetos son repetitivos y encierran en sí mismos su propio loop. De modo que el objeto también lleva consigo (por su naturaleza y por su serialidad) un tiempo que fomenta la estructura repetitiva. Y este efecto revelador es el que invade el cuerpo de la audiencia que se sabe a sí misma viajando por varios estados: motivación, contemplación, aburrimiento, abstracción, distracción, descubrimiento, epifanía, emancipación. 2.000 hueveras de cartón arrojadas al escenario de dos en dos, paracaídas en miniatura llenos de purpurina de colores, platos dorados, folios, pajitas, cartas, globos, pelotas, listones, tubos… La alusión a la materialidad del objeto es obvia y para mí tiene un papel central dentro de los deseos de la pieza. ¿Cómo se comportan las cosas, las materias? Es una pregunta constante que se hace Cuqui Jerez y para ello recurre a dejar que el material simplemente sea. El foco de atención para El fenómeno está puesto en el vuelo de la materia (igual que los pájaros del templo), es algo muy concreto y para nada ideal: apreciar la calidad de vuelo de cada materia/objeto en su propia naturaleza. No hay disfraz, ni metáfora, ni dobles sentidos. Luciana Chieregati, artista y coreógrafa, suele decir que «el único sentido oculto de las cosas es que no tienen ningún sentido oculto» y comparto su tesis al ver el efecto acrobático de los objetos que simplemente aparecen y se dejan ver. De hecho la pieza es tan concreta que puede llegar a tener un efecto contrario: la expansión. Un enunciado simple como «hacer volar objetos» puede llenar el espacio de imágenes que en un principio no pertenecen a él; poner el objeto en el centro del lenguaje es una aventura bastante lúcida ya que el objeto en sí no significa sino que el ojo y la referencia son los que lo hacen. Cuando el objeto está a plena luz es cuando despliega todo su misterio y todas sus posibles referencias culturales y, a lo que en un principio parecía solo contemplación, ahora se le suma la construcción.

CATÁLOGO DE COSAS QUE NO SÉ CÓMO LLAMAR

Para hacer un análisis más detallado de lo que las cosas son voy a enunciar en cinco puntos los elementos que han modelado la pieza:

1. Como ya he comentado anteriormente la calidad del vuelo funciona como investigación del movimiento de la materia cuando dejas que esta sea. Una invitación a la observación. Hay algo en lo fetichista de la transformación de una materia muerta en algo vivo que llama mi atención. Es como si las lógicas de mercado y consumismo que se basan en hacer de la mercancía un bicho espectral se entorpecieran justo en el momento en el que el objeto cae al suelo.

2. Tendríamos que preguntarnos qué tipo de objeto y en qué orden estos aparecen. Encontramos objetos cotidianos enteros, objetos por partes u objetos combinados entre ellos. Habría como unos objetos ready-made, otros objetos home-made, y una tercera categoría que la podríamos llamar intervened-device o combinatoria tecnológica de la propulsión. Estos objetos estarían ordenados por familias, y agrupados según calidades de vuelo, formas, efectos visuales de la materia y en definitiva paisajes organizados bajo la premisa Keep going.

3. Después de la dramaturgia o coreografía del orden vendría una tercera fase también bajo una mirada coreográfica: la composición del trompazo o lo que queda después del suspiro. Los objetos en el suelo también tienen su zona de descanso y es que poco a poco se va generando una composición visual en horizontal en donde colores, formas y texturas van combinándose para generar un nuevo paisaje. Mientras que arriba podemos ver el movimiento objetual del vuelo, abajo podemos apreciar la imagen resultante de la poética del estampado (en ambos sentidos). Se trata de un juego de composiciones visuales como establecer un fondo, generar manchas, añadir volúmenes, borrar la imagen entera, esparcir puntos brillantes. Luego hay la lógica del rebote y es que los objetos al caer al suelo tienen una última relación con el aire y revolotean según sus circunstancias.

4. Otra aportación que me parece coreográfica en el sentido en el que hoy entendemos esta palabra es la creación de realidades ficticias, o nuevas realidades que como nos enseña la física cuántica solo con el hecho de imaginarlas ya las estás produciendo. Cuqui Jerez en general trabaja con la creación de nuevos paisajes, realidades, mundos paralelos sacados de la observación de lo real. Este no es un caso aparte y el dispositivo escénico aparece como productor de realidad e imagen de un mundo en el que los objetos tienen vida y se comportan, un amplio repertorio de mentiras cinéticas que producen ficción (ya que no hay nada tan real ni tan ficticio como un objeto).

5. Y por último aparecería un elemento coreográfico más: el papel del performer. Si en un inicio concluyéramos que es una obra sin intérpretes o que los intérpretes son los propios objetos estaríamos obviando una sección de lo real que cimienta la ficción. Isabel de Naverán en una conferencia en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía a propósito de la «Coreografía expandida» en 2015 dijo que «en el cubo negro la luz ilumina el espacio del conocimiento. Lo que no se quiere enseñar se oculta. En el cubo blanco todo es susceptible de ser cuestionado». Esta dualidad de la pretensión de la realidad, la pretensión de la ficción, el truco, lo oculto, la trampa del cubo negro es revelador para este punto. El espectador no puede dejar de imaginar quién estará tirando los objetos detrás de la cortina. La ficción nos dice que es la cortina misma quien escupe dichos objetos pero la realidad nos hace cuestionar lo oculto. ¿Será Cuqui Jerez quien lanza los objetos? ¿Serán más de 5 personas? ¿Será una máquina? Tuve el placer de participar junto con Cuqui Jerez y Aimar Pérez Galí en la ejecución de la performance detrás de la cortina. El performer se encuentra en un estado bastante común, hacer funcionar la cosa, hacer funcionar la máquina, el dispositivo, la pieza. Casi todos los objetos eran lanzados por Cuqui y Aimar y aquí el papel sustancial del performer: su cuerpo afectando al objeto. La acción de lanzar deja huella en el objeto y en la acción misma del vuelo, hay una implicación física y afectiva. Idoia Zabaleta dice que la afectividad podría ser como tener un cuerpo dentro de tu cuerpo, como estar embarazada o comerte a tu pareja. De alguna manera podemos hablar del parto del objeto, direccionalmente relacionado con el cuerpo del performer de dentro hacia afuera. Una vez más el cuerpo del performer produce ficción.

La cosa deja rastro, huella en el espacio, construye desde la presencia y ausencia del objeto. Una especie de trance objetual desde la insistencia, testarudez y reincidencia de la acción física. Un trabajo que se encuentra en una zona bastante frágil y movediza donde puedes quedarte suspendido en el aire o precipitarte contra el suelo.

Un absurdo y, en él, una clarividencia.

Texto: Xavier Manubens.

Imagen promocional del espectáculo.

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