El llac de les mosques

El llac de les mosques.
Estrenado el 5 de marzo de 2009 en el Mercat de les Flors, Barcelona.
Dirección y Coreografía: Sol Picó

En “El llac de les mosques” Sol Picó se toma muy a pecho el famoso refrán sobre la moral que atesora el equipo de fútbol de su tierra, durante todo el concierto rockero hace gala de una honesta lucha consigo misma. Guerrea ante sus desilusiones sobre la aceptación, depresión y adaptación ante la vida, tal Blancanieves lamentándose de no tener a los enanos correteando a su alrededor. Nada de lo que envuelve a la protagonista se encuentra en el lugar donde debería estar, toda acción y objeto está lejos de ser congruente, ya sea una lavadora, un músico, un sofá o una copa que se posa sobre la cabeza; en todo momento mantiene una situación estrafalaria de gamberrismo con esencia Terry Gilliamesca. Las acciones llevadas a cabo en la escena son palpitantes y corrosivas dentro de un marco que oscilan entre lo auténtico y lo surreal.

“El llac de les mosques” es una representación que no es lineal, no se sabe como llegas a un punto y que has de hacer a continuación, coexiste con la duda constante de qué es lo que queda pendiente. Todo gira entorno a una idea circular, un periplo anular del que no hay entradas ni salidas. Este lago es todo un organismo viviente y Sol Picó se encuentra chapoteando sobre él sin miedo a salpicar. Sin ningún recelo nos va exhibiendo todo su coraje en ir actualizándose y tratando de mejorar, a pesar de todas las trabas que le va imponiendo el paso del tiempo. Reinventarse o morir, este lago muestra que siempre hay que tratar de llevar a cabo la primera opción.

Con más moral que el Alcoyano, la poliédrica y caleidoscópica bailarina realiza su impetuosa danza a la vez que recita un constante soliloquio, pero sus palabras quedan tapadas por la estridente música del enérgico saxofón. La danza fluye durante todas las escenas con un dinamismo vertiginoso de montaña rusa. Los movimientos ágiles y raudos se mezclan con paradas y poses que aun siendo estáticas nada en el lago adquiere una posición canónica de comodidad y reposo.

El pas de deux es el leitmotiv del espectáculo. Pero en esta charca el hombre tiene como pareja de baile a la mosca blanca, la mosca negra y hasta la mosca cojonera; pues los roles de dominación se van intercambiando entre el hombre y la mujer a través de forcejeos. En ocasiones es ella quién se encarama arriba de los hombros de su príncipe, produciéndose remedos del porté puro del ballet clásico. En otros momentos es él quién la va manipulando a su gusto pareciendo un intento de simular el Amelia de “La La La Human Steps”. Y cuando ambos bailan sin tener contacto llevan a cabo un movimiento estrambótico a modo de muñecos animados, de los que no se sabe si se animan tratando de entretener a un público o simplemente se mueven para mirarse hacia ellos mismos, observando cuan trascendental es su irónica existencia.


Texto: Sergio Pla

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