GRIND u odisea sensorial en el país del deep techno

Últimamente muy de moda en el ámbito artístico tanto como el científico, la sinestesia  a lo largo de la historia  ha sido considerada como un fenómeno demasiado extraño para merecer una atención seria de parte de los investigadores hasta que la reciente intervención del señor Vilayanur Subramanian Ramachandran, prominente neuro-científico además de gran divulgador, llevó la palabra a un uso mainstream. La sinestesia se define como la interferencia sistemática entre dos modalidades perceptivas, por ejemplo cada vez que escucho la nota “fa”, veo rojo (Curiosamente la mayoría de las personas que tienen oído absoluto son sinestésicas) o bien tocar terciopelo me hace sentir cada vez unos tremendos celos… Aunque parezca extremamente raro a primera vista, está presente incluso en nuestro día a día; basta con pensar el lenguaje ordinario lleno de metáforas sinestésicas: una inteligencia aguda, una mirada amarga, buen gusto artístico, verde chillón… y se podrían multiplicar infinitamente. De hecho, contrariamente a la idea generalizada de que existan cinco sentidos independientes, el cerebro a la hora de enfrentarse a la tarea de percibir el mundo repleto de estímulos, opta por hacer una sopa multisensorial, integrando los inputs de varios tipos en una entidad perceptiva. Lejos de ser independientes, nuestros sentidos interactúan para dar lugar a la percepción coherente del mundo que nos rodea. También se puede dar el caso de conflicto entre dos inputs o la expectativa de nuestro cerebro puede cambiar a su gusto nuestra percepción, de allí gran parte de las ilusiones sensoriales.*

Hablar de todo eso ¿para una crítica de danza? ahora veremos. Jefta van Dinther es un coreógrafo joven, afincado entre Holanda y Suecia. Recientemente fue galardonado con el Premio de la danza por la Asociación sueca de críticos de teatro por Plateau Effect (2013), pieza que realizó con el prestigioso Cullberg Ballet. Desde los inicios, su trayectoria está marcada por un interés hacia una coreografía concebida como arte visual. La  percepción, la sinestesia, jugar con tiempo y dimensiones son temas que están siempre presentes en su trabajo. En esta edición del Salmon, presenta Grind en la que se propone crear un mundo sinestético para los espectadores. En esto, es acompañado por dos grandes artistas: Minna Tiikkainen  en el diseño de las luces y David Kiers en la creación de sonido.

El trio nórdico crea una propuesta fuera de lo común en muchos aspectos. Quizás lo más destacable de ellos sea el tratamiento del espacio escénico. Apenas deja de sonar la voz femenina invitándonos a apagar los móviles en la sala Mac del Mercat del Flors, el público es sumergido en una oscuridad absoluta; su corporalidad desvanece, se pierde la noción de la distancia y es absorbido en seguida hacia el escenario como al fondo de un agujero negro. Allí es donde inicia la odisea sensorial.  Lentamente aparece una zona débilmente iluminada donde se encuentra el único intérprete biológico del espectáculo junto a una masa amorfa con la que parece luchar, fusionarse, desdoblarse. La imagen del intérprete en movimiento se fragmenta por los pulsos de la música tecno profunda. Con la luz tenue que juega a esconder más que a iluminar, de repente aparece de la oscuridad una  masa irreconocible, de repente una cara, de repente un brazo. Al final descubrimos que su rival en esta lucha desalentadora era una masa de tela. La  atención del espectador danza sobre el filo que la pieza va tendiendo entre lo visible y lo invisible. Jefta, ilusionista en escenario gracias al refinado trabajo físico, respaldado además por un equipo virtuoso, consigue convertirse en un spiderman o un mago echando chispas de los dedos, mientras que en realidad tan sólo está moviendo unos palitos con las manos! En otro momento se aventura en reconfigurar la escenografía con unos cables que recorren todo el techo. Va moviendo los objetos a través de los cables, como si su cuerpo se expandiera a través de ellos y superara los límites físicos para intervenir en la totalidad del espacio escénico. De hecho Grind es más bien una pieza invasiva, casi agresiva para un público habituado al confort de los asientos protegidos por la llamada cuarta pared. Sobre todo el elemento sonoro no deja intacto ningún tímpano. A lo largo de la pieza la combinación de sonido, luz y movimiento vibratorio desdibujan el cuerpo material del virtuoso intérprete para convertirlo en una sensación, a momentos una imagen, a momentos una vibración.

El coreógrafo que ha ido profundizando su exploración en los dichos temas, es capaz de jugar con las leyes de la percepción y de crear ilusiones sensoriales que cautivan el público. Grind se inspira de la sinestesia y efectivamente el espectáculo gana fuerza en la medida que el sonido y la luz interfieren en la imagen percibida. En este sentido, podríamos decir que el coreógrafo se inscribe en la corriente actualmente de moda de hacer dialogar el arte y la ciencia. Podemos encontrar unos precursores en la pintura del siglo XX que se acerca a la ciencia, por ejemplo los posimpresionistas como Signac y Seurat intentan crear cuadros partiendo de las leyes ópticas y acaban creando el puntillismo. O las cronofotografías de E. Muybridge y de Etienne J. Marey que son estudios de movimiento al mismo tiempo que obras o inspiradores de obras de arte. Otro aspecto característico de su trabajo coreográfico de van Dinther es el tratamiento del cuerpo como objeto óptico. En ambos aspectos el nombre que tenemos que rescatar de las páginas de la historia es el de una pionera adelantada de la danza moderna, Loïe Fuller. Toda su danza es motivada por las ilusiones ópticas que puede crear el cuerpo danzante. Las figuras abstractas que produce fascinan a los pintores e intelectuales europeos. Como atrevida bailarina, llega a inventarse formulas químicas con componentes radioactivos para colorear sus faldas en Radiodance. Con el éxito de Jefta van Dinther vemos que la temática sigue atrayendo en los albores del siglo XI al público internacional.

 

(*): http://www.educaixa.com/microsites/ilusionismo/ilusiones_auditivas

rubber hand illusion: www.youtube.com/watch?v=sxwn1w7MJvk

 

 

Bibliografía   

Ramachandran, V.S. (2011). The Tell-tale brain. Londres: Windmill Books.

www.jeftavandinther.com (consultado el 18/12/2014)

Gombrich, E.H.The story of Art (1950, reviewed edition 1995). London: Phaidon.


texto_ şıvgın dalkılıç

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