Accumulating – Aimar Pérez Galí

Una plataforma cuadrada dispuesta en oblicuo nos recibe sonriente desde el escenario. Algo de humo, no mucho. Rompen el hielo unas luces a modo de tormenta silenciosa, de esas desconcertantes en las que se ve el rayo pero el trueno no termina de llegar. Durante un largo tiempo comienza a  plantearse un juego de acumulación, tal y como Aimar Pérez Galí describió que pasaría. Se agradece el silencio. Sólo es luz, pero se crea un clima inquietantemente sonoro. Mucho más inquietante que si lo fuera de verdad. Era el momento preciso para dejarse llevar por la sinestesia y disfrutar de lo sonoro de la imagen, mientras la plataforma, muy presente, incitaba a pensar que cualquier cosa podría aparecer súbitamente del espacio (exterior).
Entra el sonido, el de verdad. Comienza un juego similar al de las luces y atiendo una propuesta mucho más literal. A cada rayo le corresponde un golpe sonoro. Escucho y miro atenta, molesta en cierto modo, por la intromisión de literalidad. ¿qué hay de nuevo en este interacción? Se me van desvaneciendo las expectativas de recibir un cuerpo espacial y voy asumiendo que tal vez esté sencillamente en un club. Aimar es fiel a su juego, capas que se superponen y van haciéndose complejas. Se crea un bucle de artefacto intenso, y aunque es interesante va haciéndose necesaria la presencia de otro componente más.
Aimar (con máscara) llega a la plataforma. Vuelvo a dudar y me pregunto si debería seguir pensando en ciencia ficción. Miro, esta vez impregnada de sonoridad múltiple: presente, heredada, imaginada, estimada. Agradezco esta vez la presencia de algo de materia, de un cuerpo que se mueve pesando y que es capaz de absorber un impulso sonoro de verdad. Aimar sigue fiel. Su movimiento tiene la misma lógica que sus compañeras Luz y Sonido:
acumulación de capas. Se aprecia una disección pulcra de los pasos de baile que podrían ser los estándar de ciertos clubs de ocio nocturnos. Y digo ciertos, porque no son ni de lejos los típicos tumbos de gañán de discoteca que también podrían haber sidosino los de un ambiente de cierta sofisticación, sin excesos. A modo de danzas de carácter, Aimar pasa el filtro estético por la tecnodanza, marcándose desde el principio una distancia con la vulgaridad.
Desde el principio se plantea un lugar de observación privilegiada casi matemática para el sujeto que baila en aquella plataforma. Sujeto que pasa a ser objeto de estudio y que siguiendo con la ciencia ficción podría ser mirado con cierta distancia alienígena. Pero no. Ni rastro de maldad extraterrestre. Ninguna intención de pervertir la coherencia de Trisha.
No puede negarse la calidad de lo acumulado ni la presencia de referentes múltiples de esta propuesta, por eso precisamente uno no puede conformarse con un acumular. La fidelidad y la coherencia de Accumulating han desplazado cualquier tentativa de tergiversación, olvidando que la frialdad de acumular podría haberse también aplicado a la dramaturgia.


texto_ carmen gómez  imagen de portada

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