No hay tragedia con diamantes

De las muchas exportaciones europeas que se mantienen a lo largo y ancho del mundo poscolonial, la institución militar ha resultado sin duda una de las más exitosas: difícilmente hallaremos algún país cuyas fuerzas armadas no se estructuren mediante un sistema de empleos enraizado en la tradición renacentista, o cuyos uniformes se alejen de los desarrollados durante los últimos doscientos años por los estados occidentales. Así pues, aunque la injerencia del estamento militar en la vida política no sea en absoluto patrimonio europeo, resulta inevitable destacar el hecho de que, en el fondo, la adaptación del Macbeth de Verdi que Brett Bailey ha presentado bajo un título homónimo en Temporada Alta se nutre de un producto de la cultura europea colonizadora para indagar precisamente en el período de la descolonización. La que quizás sea la manifestación escénica por antonomasia de la cultura occidental, la fábula en música italiana deseosa de redescubrir sus raíces clásicas, se ha visto convertida en un sarcástico bumerán, en un viaje inverso al de la propia arma, ahora relegada a simple herramienta metafórica de la lengua del imperio. Si las dos guerras del Congo convirtieron el país en un estado fallido, el récord de desgobierno belga nos demuestra que la descolonización es, también, un proceso europeo.

 

«Patria opressa.» Las palabras con las que el coro abre el cuarto acto en el libreto original se han convertido, aquí, en un obstinado con el que un grupo de refugiados congoleños alojados en un campo en Goma nos explican la historia de un Macbeth trasplantado al África contemporánea enfrentado a un fatídico encuentro con tres ejecutivos de blancas máscaras portadores de unos ostentoso maletines con el logotipo de una imaginada empresa minera. Tres buscadores de vetas, pues, concretan las oscuras grutas motivacionales de la psique del noble escocés. «Patria oprimida, ya no puedes recibir el nombre de madre», prosigue el coro. Ante la literal ausencia escénica del rey Duncan, el paternidad política sobre el territorio queda, pues, desplazada a las compañías mineras, cuyo ejercicio de la patria potestad, diamantes incluidos, desplaza lo trágico del original al drama político.


fotografía_ steward ralph

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s