non nova_Vortex

image

Un hombre en traje oculta su identidad utilizando un sombrero y unas gafas de sol. Además, su rostro y sus manos están cubiertos de algún material plástico: en suma, no queda rastro de un solo milímetro de piel humana. Suponemos que hay vida tras los tejidos una vez ha comenzado el movimiento. Un cubo de basura y un paraguas. Eso es todo. Así comienza la transformación de Phia Ménard en Vortex. Un círculo delimitado por ventiladores metálicos dibuja el espacio que más tarde el «hombre invisible» que nos da la bienvenida utilizará como lugar de alumbramiento.

Y es que eso es lo que ha decidido enseñarnos la artista. Un nacimiento. El suyo. La construcción de una imagen a través de la destrucción de todas aquellas que nos impiden llegar a la que concebimos como propia. Convertir lo más hondo de nuestra esencia en una nueva y regenerada superficie a partir de la cual seremos capaces de construir un yo más libre y auténtico, ajeno a todo aquello que nos asfixia y ahoga, que nos oculta y oprime. El plástico aparece como material principal de la pieza, no solo por presentarse como el mejor para la realización de su danza/metamorfosis sino también porque contiene en sí mismo alguna de las características opresoras que impiden aflorar esa sustancia original. La asociación entre el gris opaco de las bolsas de basura utilizadas y la acción de lanzarlas a la basura como un desecho inservible es inmediata.

Dejar atrás todo aquello que ya no nos pertenece, que ha dejado de sernos útil en un intento por seguir buscando de manera desesperada aquello que por fin consideramos como propio y verdadero. Lo opaco de su materialidad y la ausencia de transpiración como referentes directos de opresión, angustia y asfixia. Sentimientos que en todo momento se pueden llegar a palpar casi de manera física durante la pieza. Todo ello envuelto en una oscuridad tenebrosa, hostil y evocadora para aquellos que observamos la lucha entre lo real y lo artificial.

Las distintas estaciones por las que va pasando el cuerpo vivo de la artista que se va desprendiendo de todo aquello muerto nos dan pie a imaginar a una Venus de cuerpo blanco e impoluto como la de Botticelli o, por momentos, a una larva que lucha por eclosionar de su crisálida.

Una mujer, sentada en el suelo, exhausta, intenta zafarse de un corpiño que la oprime. Vemos su pecho desnudo. La luz comienza a desaparecer de manera gradual. Es posible que continúe desprendiéndose de lo que le impide respirar y ser. Oscuro.


* foto. jean-luc beaujault

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s